1984: el hipotético futuro de George Orwell es hoy

La sociedad totalitaria, descrita por George Orwell en su novela ‘1984’, en la cual se controlaba sentimientos, conocimiento, fuerza laboral y nacimiento de seres humanos, mediante métodos represivos, fue una descripción del futuro con base en la realidad de la época en que fue publicada la obra (1949).

Los resultados de la Segunda Guerra Mundial fueron el fortalecimiento de la URSS y la construcción del campo socialista, la luchas de liberación nacional, la destrucción del colonialismo, la guerra de Vietnam y Corea, la Revolución cubana, la Revolución sandinista y las guerrillas en el tercer mundo, cambios en la geopolítica y la ideología. Por ello el capitalismo profundizó los instrumentos para lograr su adaptación y continuar como el sistema hegemónico.

Entre esos métodos ensayó la guerra de destrucción, la represión militar, las invasiones, las dictaduras, todas las cuales generaron un avivamiento de los movimientos revolucionarios; a más represalia, mayor radicalización.

Por otra parte, se aplicó el control estricto de los medios de información, el uso de la mercadotecnia y la publicidad para fomentar el consumo y el control mediante el deseo. Tampoco resulto 100 por ciento eficiente porque emergieron los grupos de comunicadores, productores y mercados alternativos e independientes.

Adicionalmente, el capitalismo mundial probó variantes silenciosas y secretas de control mediante la industria alimentaria, farmacológica y hospitalaria. Alimentos que enferman, “enfermedades” que generan miedo, fármacos que no curan, procedimientos “terapéuticos” aplicados durante el parto como la cesárea, los fórceps, medicamentos usados durante el embarazo que provocan efectos diversos sobre las generaciones siguientes, como son: presencia de síndromes emocionales en niños, depresiones en los jóvenes y adultos, y en consecuencia el uso masivo de psicofármacos.

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Hoy, gran parte de la población se encuentra atrapada entre la depresión, la angustia, el miedo a la inseguridad y al crimen organizado, el fracaso económico por no encontrar opciones laborales y una estima bastante baja. Todo esto se refleja en el aumento de la soledad individual y colectiva y en el incremento del consumo de sustancias evasivas: nicotina, alcohol, estupefacientes, entre otros.

Los análisis sociogubernamentales respecto a la situación de salud mental ubican la problemática en la irresponsabilidad individual y de los núcleos familiares. Cuando en realidad tal situación es resultado de un fenómeno complejo creado de forma sistémica y cuyo fin es la alienación del individuo y los grupos sociales.

Mediante la represión oficial y no oficial se aterroriza a la población y se generan síndromes emocionales, los cuales se tratan con psicofármacos y se mantiene a la población controlada. Con los medios masivos de información se aliena a la población y se le induce al consumo compulsivo, el resultado es la angustia económica, la cual finalmente también es tratada con psicofármacos.

A través de los alimentos se generan una serie de enfermedades como cáncer, diabetes, cálculos renales, entre otros, los cuales se pretenden solucionar con procedimientos de alto costo, que finalmente no curan y someten a los individuos y familiares a presiones económicas que finalizan en la depresión y por ende en el consumo de más psicofármacos.

La educación hegemónica estructura el pensamiento de los niños y jóvenes para construirlos como ciudadanos y empleados acríticos y dependientes. Uno de los mecanismos del capitalismo para el control absoluto sobre los ciudadanos ha sido el ataque silencioso contra los niños.

Todo comienza en la escuela, donde los profesores, agentes del sistema, le indican a los padres que los niños requieren cita con el psicólogo, de allí al psiquiatra, donde se les etiqueta con el síndrome de Trastorno por Déficit de Atención con y sin Hiperactividad (TDAH y ADHD) para cuyo “tratamiento” se receta algunos de los siguientes psicofármacos: Ritalin, Dexedrina, DextroStat, Aderall, Desoxyn, Gradumet y Cylert, los cuales atrofian el cerebro, generan psicosis, manía, abuso de drogas y adicción.

Los psicofármacos generan un comportamiento robótico, aletargado, deprimido, tics neurológicos permanentes, interrumpen los ciclos de crecimiento liberados por la glándula pituitaria y pueden provocar cáncer. Una vez tratados los infantes, por ejemplo con Ritalin, la suspensión del psicofármaco causa sufrimiento emocional, depresión, agotamiento y suicidio.

Así, el capitalismo depredador utiliza todos los mecanismos de control social desde la guerra hasta el daño cerebral de los infantes: matar a los ciudadanos críticos o evitar su emergencia. Estos son algunos de los mecanismos de adaptación del capitalismo para prever la emergencia de nuevos ciclos revolucionarios. Esta es la versión neoliberal de lo descrito por George Orwell en su novela ‘1984’.

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

 

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)

 

 

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