Comunicación o anomia en las redes sociales

Hasta 1977, la literatura de corte socialista o libertaria estaba prohibida en México; los jóvenes y adultos que deseaban conocerla tenían que estudiarla en espacios privados y compartirla clandestinamente, so pena de ser reprimidos por las fuerzas policiaco­militares. Los jóvenes y adultos se reunían para estudiar y conocer el marxismo, el anarquismo, el trotskismo, el maoísmo, la idea zuche y otra serie de concepciones político­ideológicas diferentes, así como experiencias sociales novedosas.

Aproximadamente hasta 1990, existieron centro culturales, librerías, cafés y casas de cultura, cuyo funcionamiento era autogestivo y autónomo, no había, obviamente, financiamientos gubernamentales. Poco a poco todos los procesos culturales de vanguardia se fueron mercantilizado, hoy ya es parte del argot gubernamental el concepto de “empresa cultural”, una atrocidad conceptual, puesto que si la cultura y el arte se mercantilizan, se rigen, entonces, por las leyes del mercado y no por los principios de la creatividad e innovación a favor de la libertad del ser humano.

La modernidad ha introducido una serie de conceptos como “la era de la información”, “las redes sociales”, entre otros. Pero sobre todo una serie de mecanismos y medios para enviar masivamente textos, imágenes o videos y potencialmente establecer procesos comunicativos, que nunca fueron imaginados siquiera por la ciencia ficción. Ya no existe más el mimeógrafo, el megáfono, el muralismo libertario, los cineclubes independientes, hoy los intercambios de información, en las zonas urbanas y periurbanas, se centra en los dispositivos electrónicos conectados vía internet.

La esencia de la comunicación es el intercambio de datos e información para construir conocimiento significativo, lograrlo requiere el desarrollo de la cultura y el pensamiento crítico. La comunicación depende del contenido, de la forma y del medio, por ello sin cultura, la comunicación se erosiona y se transforma en anomía, es decir en procesos comunicativos pobres y débiles.

Lo anterior es evidente en la interacción entre individuos y grupos que se relacionan mediante las redes electrónicas para enviar frases, textos o imágenes elaboradas o diseñadas por otros y ofrecer respuestas con íconos impersonales. Este proceso es un ejemplo evidente de la anomia en la mal llamada “era de la información”.

La anomia, palabra que significa “negarse a nombrar”, es la esencia de la no comunicación, evidente en las redes sociales, la cual es resultado del bajo índice de lectoescritura de los usuarios o participantes. Fácil es disponer de un equipo electrónico de última generación, lo difícil es saber qué y cómo comunicar. Por ello ante el vacío existencial y la inexistencia de sentido de vida, la supuesta comunicación se traduce en un intercambio de lugares comunes, frases, oraciones e imágenes cosméticas y respuestas aún menos creativas.

Uno de los resultados de la anomia comunicativa es la reducida o inexistente organización social sustentable. Aunque también se suceden eventos emblemáticos, donde las redes sociales, bajo determinadas circunstancias, generan un proceso organizativo representativo, pero estas situaciones son escasas.

La información es poder, eso lo saben los grandes monopolios nacionales e internacionales, por ello el control de periódicos, estaciones de radio, televisión, el reducido impulso gubernamental a las actividades culturales que promuevan la comunicación crítica, y la saturación del internet con información­basura, es lo fundamental para los dueños del poder hegemónico. Es decir usar los medios para alienar a los individuos.

Generar información implica un proceso de preparación y pensamiento crítico; bajo estas condiciones los datos e información se confrontan, analizan y se apropian, para reelaborarlos y presentarlos de forma renovada, no solo un “copiar y pegar”. El consumo y traslado de frases e imágenes prefabricadas en las redes sociales es parte del modelo fast­live de la modernidad.

Escasos son los espacios de comunicación alternativa, como Tribuna de Querétaro, medio donde se da un intenso proceso de comunicación critica. En éste medio periodístico son abundantes los ejemplos donde los lectores discuten con los escritores y columnistas, dándose un enriquecimiento cultural en ambas direcciones.

Comunicación o anomia en las redes sociales

Este fenómeno no es abundante en otros medios de información y comunicación, los cuales son medios de una sola vía, donde el emisor comercializa y el receptor consume información sin posibilidad de réplica y/o diálogo.

Para enriquecer la comunicación humana es indispensable el fomento creativo, autónomo y autogestivo de la lecto­escritura, la comprensión y el análisis de la información, y sobre todo el pensamiento crítico, habilidad que nos permite indagar y profundizar en la búsqueda de la raíz de los fenómenos y procesos de interés, para posteriormente participar en su transformación creativa.

En el proyecto El Ahuehuete, herbolaria se impulsa la atención solidaria y no invasiva. Se ofrece consulta y orientación gratuita sin distingo de características raciales, económicas, preferencias ideológicas o sexuales, o cualquier otra particularidad. Se promueve el uso de las microdosis, medicina tradicional indígena y terapia de bio­resonancia, para lograr que el individuo afectado recupere su estado de equilibrio.

Este proyecto se ubica en la Calle Niños Héroes No. 41, Plaza del Vergel, Local 3, Col. Centro, Tequisquiapan, Querétaro. Para mayor información llamar a los teléfonos 442-377-5127 o al 414-107-0194 o escribir a contacto@elahuehuete.com.mx

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)