Dolor o nada, psicología del sufrimiento

PARA DESTACAR: La nada, no es un espacio vacío, es simplemente el “otro lado del monte” como dice esa canción infantil. Un mundo paralelo al propio, con otros recursos y condiciones. La nada, es un espacio y un tiempo, como dijera Carlos Castaneda, es la oportunidad de darse una oportunidad.

El poeta estadounidense William Faulkner escribió “Entre el dolor y la nada, elijo el dolor”, frase emblemática que representa de manera auténtica la elección inconsciente de grandes poblaciones humanas. Frase que puede aplicarse prácticamente a cualquier condición humana, ya que, considerando que el miedo, en el pensamiento de Fromm, es una constante humana: miedo a la libertad, es decir a la nada, a la oportunidad de darse una oportunidad, miedo a renovarse, a volver a comenzar.

Miedo a perder un empleo y recomenzar, miedo al abandono, miedo al divorcio, miedo a la maternidad y la paternidad, miedo a cambiar de lugar de residencia, miedo a mirar críticamente los paradigmas, miedo a luchar por la libertad, miedo a pensar de forma autónoma, miedo a ser diferente, por ello en el lenguaje coloquial existen otras frases: “bendita ignorancia”, “más vale malo por conocido que bueno por conocer”, frases que encubren ese gran terror a lo desconocido, a ser constructor de su propio destino.

Es común el hecho de que cualquiera que posea un empleo con “derechos laborales y prestaciones sociales”, prefiera soportar 30 o 35 años de bajos salarios y malos tratos, malos servicios asistencias y una futura miserable pensión, que aventurarse a ser constructor de un nuevo destino, cruzar la frontera y caminar en lo desconocido en la “nada”. Tan es así que la gran mayoría, de los pocos que logran jubilarse y obtener la miserable pensión, entran en depresión profunda, enferman y pierden todo sentido de vida, viviendo sus últimos años con una deficiente calidad de vida.

Otro ejemplo emblemático son las relaciones de pareja tóxicas, donde se prefiere el dolor cotidiano de los conflictos, la indiferencia, la violencia intrafamiliar a la búsqueda de la transformación interna para construir una relación basada en el amor, la equidad y la tolerancia. Ya que esta segunda opción se ubica en la “nada” es decir la renovación.

Los grandes conglomerados humanos en las ciudades, con sus altos índices de contaminación ambiental, su hacinamiento, sus conflictos cotidianos, su tráfico vehicular, entre muchos otros problemas que causan dolor y enfermedad, son preferidos, antes que pensar en el recomienzo, en la “nada”.

Grandes masas juveniles prefieren el dolor de las adicciones a caminar por la senda del pensamiento crítico, de esa espesa y profunda reflexión en la nueva frontera de la “nada”. Los niños elijen la violencia, el bullying frente a ese oscuro vecindario del recomienzo: encontrar nuevos “amigos”. Los padres elijen la escolarización castrante, es decir el dolor de los malos tratos y la ansiedad de sus hijos, frente a la posibilidad nebulosa de construir conocimiento significativo de forma familiar en la propia casa, es decir la “nada”. Se prefiere las terapéuticas convencionales, con sus destructivas consecuencias, a la experimentación propia en caminos alternativos.

La nada, no es un espacio vacío, es simplemente el “otro lado del monte” como dice esa canción infantil. Un espacio o mundo paralelo al propio, con otros recursos y otras condiciones. La nada, es un espacio y un tiempo, como dijera Carlos Castaneda, es la oportunidad de darse una oportunidad. La “nada” no es un lugar lejano, una utopía, la “nada”, ese lugar aparentemente insondable esta en el interior de cada ser humano, el trabajo interno consiste en descubrirlo y potenciarlo para crear desde adentro un nuevo exterior.

Es común elegir el sufrimiento o el dolor porque esta inserto en el milenarismo y mesianismo con que se entrena a las grandes masas, elegir la “nada” implica un alto grado de reflexión, ya que ésta representa la oscuridad de la noche, y aunque se reconoce que tras esa profunda oscuridad llegará el nuevo día, esa explicación no es clara en otros asuntos de la vida: el empleo, las relaciones de pareja, la cotidianidad, la socialización, la escolarización, los sistemas médicos, psicológicos y otros procesos.

Es fundamental si se requiere contribuir a mejorar la propia vida, la de otros integrantes de la familia o de la comunidad, comenzar a reflexionar sobre el origen del sufrimiento, la génesis del dolor corporal y emocional, para entender que éste es sin duda una elección inconsciente, pero que en realidad existen otras posibilidades, sobre las cuales se sabe poco, pero que seguramente son mejores.

No se puede dejar el dolor actual si no se penetra en la profunda y aparente oscuridad de la nada interior, para encender la luz propia y recomenzar desde el interior a transformar y construir esa oportunidad de darse una oportunidad.

El Ahuehuete, herbolaria es un espacio para la reflexión colectiva, donde hombres y mujeres se reúnen cotidianamente para dialogar sobre diversas temas de salud corporal y emocional, allí llega el indígena, el barrendero, la ama de casa, el estudiante, aquel que ostenta un puesto público, visitantes locales, regionales y hasta extranjeros, que encuentran en este proyecto un espacio para potenciar y socializar sus reflexiones y hacer crecer el conocimiento colectivo.

En el proyecto El Ahuehuete, herbolaria se impulsa la atención solidaria y no invasiva. Se ofrece consulta y orientación gratuita sin distingo de características raciales, económicas, preferencias ideológicas o sexuales, o cualquier otra particularidad. Se promueve el uso de las microdosis, medicina tradicional indígena y terapia de bio­resonancia, para lograr que el individuo afectado recupere su estado de equilibrio.

Este proyecto se ubica en la Calle Niños Héroes No. 41, Plaza del Vergel, Local 3, Col. Centro, Tequisquiapan, Querétaro. Para mayor información llamar a los teléfonos 442-377-5127 o al 414-107-0194 o escribir a contacto@elahuehuete.com.mx

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)