Entre humo y arcilla: los hornos ladrilleros de Tequisquiapan (entrevista/video)

La producción ladrillera artesanal ha sido un proceso tradicional característico de algunas regiones de México, estos emprendimientos funcionaron históricamente mediante la utilización de combustibles derivados de biomasa. Su producción permitió el desarrollo de un estilo arquitectónico apreciado nacional e internacionalmente: el colonial.

Pero el crecimiento económico, el empobrecimiento y la voracidad capitalista han agotado los recursos forestales y provocaron la sustitución de los combustibles derivados de biomasa por materiales residuales y de desecho.

Se estima que en México funcionan cerca de 15 mil hornos ladrilleros, cifra que varia de acuerdo a la economía nacional e internacional. En el estado de Querétaro existen 546 hornos ladrilleros los cuales generan ingresos para 3 mil 800 trabajadores. En cada horno laboran en promedio entre seis y siete trabajadores, quienes producen 10 mil ladrillos al mes. En la localidad de San Nicolás se encuentra 251 unidades de producción ladrillera.

Cada horno utiliza mil litros de combustible líquido en la fabricación de 10 mil ladrillos mensuales. Si trabajan continuamente, esto implica la quema de 251 mil litros mensuales de combustible líquido. Además de materiales residuales como neumáticos fuera de uso, aceite y polímeros residuales como PET, PVC y otros, los cuales al quemarse generan dioxinas, bifenilos policlorados, monóxido de carbono y otros contaminantes asociados al azufre y nitrógeno.

Las dioxinas, furanos y bifenilos policlorados han sido etiquetados de alta peligrosidad por el Convenio de Estocolmo, por lo que se recomienda minimizar su generación y eliminación definitiva”. Estas sustancias químicas son lipofílicas, bioacumulativas y persistentes en el ambiente, ingresan al organismo por medio de la inhalación, ingestión y absorción cutánea, no son biodegradables, sus efectos se perciben sobre el tejido dérmico, el hígado y otros órganos internos, provocan efecto neuromusculares, metabólicos, dañan el sistema inmunológico, la reproducción, causan anormalidades fetales, cáncer y problemas citogenéticos.

Algunas de las investigaciones científicas han demostrado que la cantidad de dioxinas presentes en muestras de polvos obtenidos de lugares cercanos a los hornos ladrilleros, superan entre 20 y 50 veces el límite máximo permisible marcado por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos de Norteamérica (EPA). El aire y el suelo de la localidad de San Nicolás, Tequisquiapan tiene propiedades mutagénicas.

En un área de 5 kilómetros de influencia radial, la actividad ladrillera de San Nicolás, estaría afectando a 198 mil habitantes, además de la contaminación de la producción agropecuaria.

Entre humo y arcilla_ los hornos ladrilleros de Tequisquiapan

Los contaminantes emitidos por los hornos ladrilleros se distribuyen espacialmente de acuerdo a la dirección de los vientos dominantes con una zona de influencia que abarca la zona urbana de San Nicolás, Bordo Blanco y la cabecera municipal, así como, Vistha, San Pedro Ahuacatlan y San Juan del Río.

El aceite residual utilizado como combustible contiene bifenilos policlorados. De acuerdo con un estudio los niños residentes en San Nicolás, Tequisquiapan, presentan un promedio de 208 nanogramos de bifenilos policlorados por milígramo de lípidos, mientras que esta sustancia tóxica no se encuentra en muestras de sangre de niños de ocho localidades de Durango, San Luis Potosí, Guanajuato, Michoacán, Chiapas, Veracruz, Zacatecas y del municipio de Querétaro.

El análisis de 48 muestras de suelo urbano de San Nicolás mostró que la concentración promedio de bifenilos policlorados es de 50.6 milígramos por kilogramo, con un rango que oscila de 0.15 milígramos por kilogramo hasta 1517.35 milígramos por kilogramo. Mientras que la NOM­133­SEMARNAT­2000, señala que el límite máximo permisible de emisión a la atmosfera es de 0.5 microgramos por metro cúbico y en suelo residencial 5 milígramos por kilogramo. En algunos lugares de San Nicolás, la concentración de bifenilos policlorados alcanza los 3 mil o 5 mil milígramos por kilogramo.

Es importante preservar la tradición ladrillera mediante la generación de alternativas de organización social, tecnológicas, de reconversión productiva, entre otras, que permita mejorar las condiciones laborales y de vida de los trabajadores, conservando el medio ambiente y protegiendo la salud humana.

Como una forma de contribuir a visibilizar la complejidad ambiental, humana, productiva y económica que representan los hornos ladrilleros se elaboró la exposición fotográfica “Entre humo y arcilla: los hornos ladrilleros de Tequisquiapan” la cual se exhibirá en el Instituto Municipal de la Juventud de Tequisquiapan, ubicado en el Andador Morelos y Calle Niños Héroes a un costado del Auditorio Municipal de Tequisquiapan, Querétaro, a partir del Jueves 30 de junio de 2016 a las 18 horas.

A la exposición invitan la Asociación Red Verde, A.C., el Instituto Municipal de la Juventud, la Universidad Autónoma de Querétaro Campus Tequisquiapan, la Regidora de la Comisión de Turismo, la Regidora de la Comisión de la Familia y la Regidora de la Comisión de Asuntos Indígenas del Gobierno Municipal de Tequisquiapan, Querétaro. Para mayor información comunicarse con la Asociación Red Verde, A.C. al cel. 442­3775127.

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)

 

 

 

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