Extinción o supervivencia: el comportamiento humano en la modernidad

El famoso investigador y escritor Desmond Morris, autor de obras como ‘El mono desnudo’, ‘El zoo humano’ y ‘La naturaleza de la felicidad’, entre muchas otras, señaló que lograr cambios positivos en el comportamiento humano es el gran reto de la civilización humana moderna.

En este sentido, la especie humana, en la era moderna, tiene dos opciones: seguir el camino hacia la extinción, creyendo que la ciencia y la tecnología crearán la tabla de salvación, o reconocer los grandes errores civilizatorios y reorientar el camino hacia un modelo de bajo consumo, puesto que el crecimiento económico y poblacional llegaron a su límite.

El modelo civilizatorio actual está sustentado en un alto consumo de recursos naturales, elevada generación de desechos e intensiva explotación del trabajo asalariado, una loca carrera hacia el suicidio colectivo. Para este modelo no importan las enseñanzas del pasado ni el destino futuro, sólo el consumo intensivo, ahora y aquí de mercancías, cuerpos y almas.

El modelo hegemónico es un sistema, por lo que toda actividad conectada a éste, supone ser parte de él, así la mal llamada educación, los procesos productivos, las relaciones de producción, las relaciones humanas y de pareja, los mecanismos de atención a la salud, entre otros son parte de su sustento, por lo que para modificar el paradigma hegemónico, es necesario empezar con cambios a nivel de subsistema.

La construcción de un nuevo paradigma civilizatorio implica necesariamente la reflexión colectiva desde lo local, regional y global, y la puesta en marcha de iniciativas conectadas en redes heterárquicas, es decir, relaciones sociales horizontales, no jerárquicas ni verticales.

En este nuevo modelo se deberá valorar y reconvertir cada uno de los subsistemas: el gobierno, la educación, la salud, los procesos productivos, las relaciones de producción, entre otros, visualizándolos como procesos autónomos, autogestivos, independientes y libres.

La base para edificar el nuevo paradigma civilizatorio es la cultura, entendida no como la colección de datos y tips informativos, sino el conocimiento profundo sobre el propio ser y el entorno, conocimiento que permita entender y respetar las relaciones entre y con los diversos organismos y su hábitat.

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De forma equivocada se ha denominado a la época actual “la era del conocimiento”, cuando en realidad es la era de los tips informativos y de los procesos de diversión informativa orientados a generar miedo en las poblaciones humanas, para facilitar su control. Cualquier individuo con un dispositivo electrónico y conexión a internet se considera divulgador, y de forma acrítica reproduce y comparte masivamente toda clase de barbaridades informativas.

La divulgación de información no puede ser una actividad irresponsable y anónima, todo acto de comunicación debe ser ante todo responsable y ético. Si bien es cierto que la libertad de expresión es un derecho inalienable, este debe contribuir a la liberación del ser humano.

“Ser cultos es la única forma de ser libres” señaló José Martí, esto significa que la cultura, como complejo de expresiones humanas, desde una óptica liberadora, debe contribuir a la elección de la senda correcta para la sobrevivencia de la especie humana. Mediante el cultivo del espíritu, los individuos y los colectivos humanos, deberemos entender que la cultura no es parloteo, ni repetición memorística de contenidos inconexos, sino un complejo ideológico donde el individuo es consecuente en sus tres niveles, es decir entre lo que piensa, dice y hace.

Ser consecuente entre lo que se piensa, se dice y hace, no genera ninguna contradicción fundamental en el individuo, por otra parte si no existe relación de equilibrio entre las tres acciones, el individuo puede considerarse bien informado, pero no culto, dicha contradicción genera estrés (presión o tensión) y ello deviene en alteración de la salud, estados de ansiedad y depresión.

El comportamiento humano actual presenta un alto desequilibrio entre lo que se piensa, se dice y se hace, por ello los valores positivos fundamentales se encuentran en proceso de extinción y los individuos sin sentido de vida, ni rumbo. La tarea de los individuos y los colectivos humanos locales debería ser la de buscar recuperar el equilibrio del comportamiento humano y de los valores positivos tradicionales: consumo de lo verdaderamente indispensable, respeto y amor al prójimo, cuidado del entorno, de los recursos y condiciones naturales, entre otros aspectos, si queremos sobrevivir como especie y no sucumbir bajo el peso de las contradicciones no resueltas.

En el proyecto El Ahuehuete, herbolaria se impulsa la atención solidaria y no invasiva. Se ofrece consulta y orientación gratuita sin distingo de características raciales, económicas, preferencias ideológicas o sexuales, o cualquier otra particularidad. Se promueve el uso de las microdosis, medicina tradicional indígena y terapia de bio­resonancia, para lograr que el individuo afectado recupere su estado de equilibrio.

Este proyecto se ubica en la Calle Niños Héroes No. 41, Plaza del Vergel, Local 3, Col. Centro, Tequisquiapan, Querétaro. Para mayor información llamar a los teléfonos 442-377-5127 o al 414-107-0194 o escribir a contacto@elahuehuete.com.mx

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)