La democracia en México: una dictadura imperfecta

Con la reforma política de 1977 y con la Ley de Amnistía de 1978, México entró definitivamente a la “democracia”. El Partico Comunista Mexicano (PCM), transformado en Partido Socialista Unificado de México (PSUM) aglutinando en su seno a excomunistas, exguerrilleros, arrepentidos del PRI, arribistas, despistados y otros, aceptó, y con ese aval, el PRIAN presentó a México ante la comunidad internacional como un país democrático y fortaleció el denominado Estado de Derecho: todo dentro de la ley, nada fuera de ella.

Aparentemente atrás quedaba la Guerra Sucia, las torturas en el campo militar No. 1 y en otras instalaciones de las Fuerzas Armadas y cuerpos policiaco­militares, legales e ilegales. Los vuelos de la muerte, los campos de concentración en Guerrero y otros lugares, las matanzas de guerrilleros y civiles se posicionaron como eventos del pasado. Se puso a México en “concierto con las naciones civilizadas”, pero un pueblo jamás olvida.

Desde 1977 se han llevado a cabo siete elecciones presidenciales; la confianza de los inversionistas internacionales se fortalece tras cada elección, de esta forma se sella el pacto entre el capital internacional y la burguesía nacional. Los sufragios son cheques en blanco que los ciudadanos otorgan para que la mafia nacional los use en el mercado que más le convenga.

Cada sufragio es un sensor, entre más ciudadanos voten, la burguesía sabe que un determinado porcentaje de los votantes están con las propuestas que ella hace a través de sus candidatos. Las elecciones legitiman al sistema, lo transforman en una dictadura perfecta como denomino Vargas Llosa al sistema mexicano. Y da pauta para toda clase de fraudes y negocios oscuros.

En el 2017 se cumplirán 40 años de un México con “elecciones democráticas”, recientemente Murillo Karam expresó “…ya me canse…”. Pues debería saber él y todos los políticos que los mexicanos no estamos cansados; estamos hartos, indignados, enervados de la “democracia”, y no se ve en ningún político con capacidad, decisión y el suficiente valor para coordinar el cambio.

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El cambio definitivamente lo dará la sociedad civil organizada y una posible fórmula puede derivarse de un pensamiento del celebre físico Albert Einstein: “Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. 40 años de “elecciones democráticas” han dado el mismo resultado: un voto a la burguesía para que haga negocios con el capital internacional, segura de que su gobierno es legítimo. Entonces, una opción puede ser precisamente, no darle ese “bono”, ANULAR EL VOTAR, NO LEGITIMAR AL SISTEMA. De esta forma la burguesía nacional no tendrá credibilidad ante la comunidad internacional, eso significa menos inversión extranjera, menos negocios, menos préstamos, y por lo tanto menos qué robar.

Durante el Porfiriato no votaban la mujeres, ni los indígenas, ni los obreros, sólo los integrantes de los “Clubes políticos”. De esa forma, mientras la burguesía organizaba elecciones, el pueblo se organizó para luchar contra “el mal gobierno”. Mientras la burguesía y sus políticos se enriquecían, el pueblo se estructuró, editó periódicos, se informó, se organizó política y militarmente. El resultado de la historia la conocemos, México se incendió en una revolución, donde se estima que murieron un millón de mexicanos.

El conteo de muertos durante el sexenio de Calderón se detuvo alrededor de los cien mil, las fosas comunes se abren, la cifra puede ser cualquiera entre cien mil y 500 mil muertos. Cada muerto dejó madre, padre, hermanos y hermanas, hijos, esposa o esposo, primos, cuñados, abuelos; cada muerto implica entre 10 y 15 seres humanos afectados directamente. En México ya hay entre 1.5 millones y 7.5 millones de mexicanos afectados directamente, obvio es decir que esas muertes nos lastiman a todos.

El espíritu del mexicano se torna más y más violento; ante cada asesinato, más odio; ante cada violación, más coraje; ante cada ignominia, más deseo de libertad. Tal vez sea necesario sacar los viejos textos y recordar la frase de Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista: “Los proletarios no tienen nada qué perder, salvo sus cadenas”. Ya los campesinos perdieron sus tierras con la reforma al artículo 27 constitucional, los obreros sus sindicatos, la sociedad civil sus empleos, el pueblo su patrimonio energético, los padres y madres a sus hijos, México sus recursos naturales. En el mismo documento, Marx y Engels señalan que, los pobres “tienen en cambio un mundo qué ganar”.

El odio se invoca cuando se lastima, cuando se hiere, cuando se ultraja, cuando se asesina, cuando se conculcan los derechos, cuando se hiere el alma de la gente, de los pueblos. La burguesía y su gobierno sabe que el paso entre su democracia y la desobediencia civil y la rebeldía es cuestión de tiempo. El resultado será positivo o negativo según sean las capacidades y habilidades de aquellos que propongan el modelo de República que debemos refundar.

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

 

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)

 

 

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