La depresión como afección recurrente de la modernidad

PARA DESTACAR: Mediante la bio‐resonancia se analiza, diagnostica y promueve la recuperación del equilibrio energético del organismo, minimizando o eliminando las afecciones relacionadas con las emociones negativas y el estrés, causas de los estados depresivos.

La depresión es un fenómeno recurrente en la vida moderna, generado fundamentalmente por las exigencias psicológicas y emocionales del modelo económico hegemónico. Este modelo divide a los individuos en dos categorías: los exitosos y los fracasados, los primeros poseen riqueza económica y lo que ella puede adquirir, los segundos la desean sin poder alcanzarla. Esta clasificación es totalmente falsa, pero no por ello deja de ser hegemónica. A la depresión se llega tras una serie de etapas, no necesariamente consecutivas, de tensión emocional, como se describen a continuación:

Etapa I: El aburrimiento, soledad y el vacío existencial conducen a la depresión, es decir al abandono o negativa a usar las fuerzas propias para cambiar personalmente y transformar positivamente el entorno. Estos estadios están relacionados con una carencia de sentido de vida, por lo que se busca la evasión de la realidad a través de algún tipo de adicción tecnológica, social o química.

Etapa II. La angustia está caracterizada por un estado de desorientación psíquica en la cual se tiene la percepción de estar limitado y restringido en el espacio y sobre todo ahogado en deseos, entrampado. Se manifiesta también como una espera inquieta y opresiva, aprensión de “algo” que podría ocurrir, con una tensión difusa, espantosa y generalmente sin nombre.

Puede estar vinculada a una amenaza concreta angustiosa (tal como la muerte, catástrofe personal, sanción, etc.), se trata más de un miedo, generalmente vinculado a algo que no es inmediatamente perceptible o se pueda expresar. Por esto las fuentes profundas de la angustia se encuentran frecuentemente en la infancia y se vinculan generalmente con el miedo al abandono, a perder el amor de un ser querido y al sufrimiento. Cuando aparece una situación similar la angustia vuelve a aflorar.

Etapa III. Ansiedad. Es miedo a lo desconocido, se manifiesta por ciertos síntomas: dolores de cabeza, calores, palpitaciones nerviosas, grandes transpiraciones, tensiones, aumento del caudal de la voz, llantos e incluso insomnios. Es una afección que aprieta la garganta, que hacer perder el dominio de sí mismo y el control de los acontecimientos de la propia vida, impidiendo usar el sentido común y el discernimiento. También puede percibirse un desequilibrio, o bien una desconexión con el mundo físico.

Etapa IV. Depresión. Implica una profunda tristeza interior, una acumulación de emociones inhibidas provocando un conflicto entre el cuerpo y la mente. Esta afección está conectada con una situación emocional crítica. La depresión se traduce por desvalorización y culpabilidad que corroen el interior. El individuo depresivo se siente miserable, menos que nada. Vive en el pasado constantemente y tiene dificultad en salir de él. El presente y el porvenir no existen. Es una tensión intensa entre los que se desea y la realidad.

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Para recuperar el equilibrio emocional es necesario que los individuos y colectivos reconozcan, que los paradigmas hegemónicos respecto al éxito y fracaso de los individuos, es una falacia y que el éxito real de los individuos es tener una existencia feliz, la cual no emergerá de los bienes materiales acumulados, si no de relaciones equitativas y armoniosas que se establezcan entre ellos.

Para apoyar a un individuo o grupo familiar atrapados en alguna de las etapas del complejo depresivo se recomienda conjugar una serie de acciones, entre ellas están: el trabajo interno para lograr cambiar los paradigmas y reconocer que la riqueza o el “estatus” económico, o cualquier otra característica material no significa “éxito”, mientras que poseer valores positivos y una expectativa de vida realista, permiten construirse como individuos felices. También se pueden aprovechar algunas terapéuticas no invasivas como las microdosis y la bio­resonancia.

Las microdosis son remedios herbolarios sustentados en el saber tradicional y científico, su forma terapéutica es mediante extractos vegetales en una solución hidro­alcohólica las cuales al colocarse en la punta de la lengua, envían las señales hasta el hipotálamo y la corteza cerebral, y de allí hasta el punto de curación efector.

Por otra parte, mediante la bio­resonancia se analiza, diagnostica y promueve la recuperación del equilibrio energético del organismo, minimizando o eliminando las afecciones relacionadas con las emociones negativas y el estrés, causas de los estados depresivos.

En el proyecto El Ahuehuete, herbolaria se impulsa la atención solidaria y no invasiva. Se ofrece consulta y orientación gratuita sin distingo de características raciales, económicas, preferencias ideológicas o sexuales, o cualquier otra particularidad. Se promueve el uso de las microdosis, medicina tradicional indígena y terapia de bio­resonancia, para lograr que el individuo afectado recupere su estado de equilibrio.

Este proyecto se ubica en la Calle Niños Héroes No. 41, Plaza del Vergel, Local 3, Col. Centro, Tequisquiapan, Querétaro. Para mayor información llamar a los teléfonos 442-377-5127 o al 414-107-0194 o escribir a contacto@elahuehuete.com.mx

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)