Las dioxinas: química terrorista del imperialismo norteamericano

Intoxicar o envenenar a un ser vivo, se ha considerado delito a lo largo de la historia de la humanidad. En el lenguaje jurídico, se le reconoce como crimen. El envenenamiento directo, continuo, recurrente y de largo plazo de una gran cantidad de seres humanos y del ecosistema, es considerado por el derecho internacional como de lesa humanidad, es decir que afecta a toda la comunidad internacional.

Las dioxinas, los furanos y los bifenilos policlorados son un conjunto de sustancias que por sus características químicas, tienen una amplia capacidad de asociarse al tejido adiposo animal (lipofílicas). Además, se acumulan a lo largo de la cadena trófica (vegetales, herbívoros, carnívoros) por eso se dice que son bioacumulativas y muy persistentes en el ambiente. Los efectos sobre la salud humana son: diversos tipos de cáncer, malformaciones congénitas, problemas severos de piel, desórdenes metabólicos y cardiovasculares

La producción de dioxinas se inició en 1940 cuando la Imperial Chemical Industries (ICI) fabricó la sustancia denominada Metil­Cloro­Fenoxi­Acético. Los científicos Norteamericanos sustituyeron el Metil por una molécula de cloro y fabricaron el ácido di­cloro­fenoxi­acético (2,4­D) y el 2,4,5­Triclorofenoxiacético (2,4,5­T). Estos herbicidas fueron secretos militares tan resguardados como el Proyecto Manhattan que desarrolló la bomba atómica.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la empresa Dow inició la comercialización del 2,4­D como herbicida para jardines y campos de golf. En 1962, Rachel Carson, en su famoso libro “La primavera silenciosa”, denunció los daños causados por los herbicidas 2,4­D y 2,4,5­T en la salud humana y en los ecosistemas, por esta acción Carson fue acosada por las empresas productoras de esas sustancias.

Durante los años de 1959 a 1975 las compañías Monsanto, Dow Chemicals, Diamond Shamrock, Uniroyal y Hércules, abastecieron al ejercito norteamericano de los 240 millones de litros de herbicidas (agente naranja) que rociaron sobre grandes extensiones del territorio de Vietnam durante la guerra dirigida por los Estados Unidos de Norteamérica contra ese país.

La 2,3,7,8­tetraclorodibenzo­para­dioxina (TCDD), es un subproducto de la fabricación del 2,4,5­T para uso comercial. Este herbicida presenta concentraciones de 0.05 ppm de TCDD, pero el agente naranja presentaba una concentración intencional de 50 ppm, es decir 100 veces superior al producto comercial.

Como parte de su política, ideología y moral destructora, seis administraciones de los Estados Unidos de Norteamérica (1962 a 1972) encargaron a los científicos y empresas privadas la producción de químicos para su guerra contra Vietnam: Agente Blanco (2,4­D y picloram) para la destrucción de arrozales, agente púrpura (picloram) para la destrucción de serranías, agente azul (picloram y 2,4,5­T) para la destrucción de bosques de montaña, agente verde (2,4,5­T en gasolina) para la destrucción de manglares y agente naranja (2,4­D y 2,4,5­T) para la destrucción de bosques pluviales.

Debido al envenenamiento intencional, millones de vietnamitas y miles de pilotos, soldados y marinos de las tropas estadounidenses sufrieron consecuencias graves: diversos tipos de cáncer, malformaciones congénitas, problemas severos de la piel, desórdenes metabólicos y cardiovasculares. Más de 500 mil niños nacidos en Vietnam desde la década de 1960 han presentado malformaciones.

En 1975, al ser derrotados los Estados Unidos de Norteamérica por el pueblo de Vietnam, las empresas de agroquímicos vendieron 30 millones de litros de 2,4­D y 2,4,5­T a Brasil, Bolivia, Colombia, Venezuela y México para su distribución comercial y uso en la deforestación. El empleo de estas sustancias trajo un problema mayor, ya que la selva desecada fue quemada generando el vertido de grandes cantidades de dioxinas y furanos a la atmósfera.

Las fábricas de 2,4­D fueron transferidas de Estados Unidos y Europa a China, Taiwán, México, Brasil, Argentina e Indonesia. En México se producen y utilizan ampliamente. Algunas marcas y empresas como son: “fito­amina 40” de la marca Dragón (Agricultura Nacional, SA de CV), “Amina 4 Diablo” (A.M. Roma y Cia, SA de CV), “herbicida faena” (Agroquímicos Puebla Urbania), “2,4­D” (Bravo), entre muchos otros.

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Cuarenta años después de la guerra imperialista contra Vietnam; científicos, industriales, gobernantes, soldados, transportistas, comerciantes e informantes que participaron directa o indirectamente en el conflicto no tienen razón jurídica, jerárquica o de cualquier naturaleza para liberarse de su responsabilidad. Tan culpables fueron los presidentes de Estados Unidos de Norteamérica como ellos. Todos sabían que sus acciones matarían o dañarían seres humanos, envenenarían el ambiente y generarían otros males. Cada uno de ellos fue parte del equipo agresor y aún tienen pendientes cuentas con la justicia, pues sus crímenes son de lesa humanidad como aquellos de los asesinos nazis.

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

 

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)

 

 

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