Los médicos tradicionales e indígenas

Los médicos tradicionales indígenas llamados hueseros, sobadores, parteras, curanderos, h-men o culebrero, tienen como principal característica que, sus habilidades o “dones” los aprenden mediante la experiencia y pueden ser potenciados por algún evento espiritual o situación emotiva crítica.

Generalmente descubren su vocación a través de señales físicas, corporales, revelaciones, sueños específicos, por la ingesta de sustancias enteogénicas, señalamiento divino o circunstancias de crisis, sean éstas de orden individual o familiar, tales como la muerte de un ser querido o el padecimiento de una determinada enfermedad, que conllevan a desequilibrios físicos y de la vida emocional que sólo desaparecen ante el compromiso de aceptar servir a su gente como curanderos.

Generalmente el potencial médico tradicional acepta su vocación, aunque existen casos en que la rechazan, a pesar de que la comunidad y los sabios viejos de la región intenten que la acepten a toda costa.

El iniciado debe poseer cierta predestinación para el desempeño de sus tareas y reunir características como: ser una persona inteligente, analítico y observador; tener habilidades manuales que le faciliten ejecutar las técnicas curativas, y manejar un discurso común a su paciente, a la vez que un lenguaje simbólico, verbal y corporal, que lo comunique con lo divino.

El huesero-sobador es el especialista tradicional que se vale de la sobada corporal como terapia para eliminar dolencias del cuerpo y del alma.

La sobada corporal, que algunos también lo denominan masaje, es un recurso terapéutico utilizado por distintos especialistas de la medicina tradicional, como el huesero y la partera, aunque puede estar mezclado y por ello se llama huesero-sobador; el sobador es distinguido por su destreza en la aplicación de sobadas para afecciones músculo- esqueléticas y tratamientos que requieren de maniobras destinadas a acomodar órganos o partes del cuerpo que se encuentran fuera de su lugar.

Por ello sus servicios son solicitados en casos de caída de matriz, aflojada de cintura, caída de mollera, relajadas, zafaduras, torceduras, calambres, venas y tendones lastimados. También, para dar masajes prenatales destinados a acomodar al feto en el vientre materno y para tronar el empacho.

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