Los sistemas de atención a la salud desde el Informe Flexner

PARA DESTACAR: El complejo médico‐farmacéutico se convirtió en un monopolio del gran capital, ya que mediante las patentes de sustancias químicas, éste puede regular la ganancia económica y a través del financiamiento de las escuelas de medicina se controla el pensamiento de la mayoría de los egresados y se construye un ejército de médicos promotores de fármacos y terapéuticas definidas.

En 1910 fue publicado el famoso Informe Flexner, documento que evaluó, desde la óptica capitalista, el funcionamiento de la enseñanza tradicional para la atención de la salud en Estados Unidos y Canadá, y posteriormente en Europa. Hasta esa época, compartían la preferencia de los usuarios diversas opciones terapéuticas como la osteopatía, la quiropráctica, la electroterapia, la medicina ecléctica, la naturopatía, la homeopatía, la herbolaria y la alopatía.

La enseñanza de estas disciplinas era de forma tradicional, pequeños centros, consultorios o colegios, lo que hacia que fueran poco controlables por el gran capital. Después de la publicación del Informe Flexner, el sistema terapéutico conocido como alopatía se convirtió en hegemónico y la industria farmacéutica oligopólica a nivel global.

En 1913, la moderna Food and Drug Administration (FDA) entró en vigor, al mismo tiempo que fue creada la Fundación Rockefeller junto con la Asociación Médica Americana, trilogía que ha trabajado mano a mano para hacer del complejo médico­farmacéutico un extraordinario negocio, al grado que en importancia económica mundial la jerarquía es como sigue: en primer lugar el complejo militar­industrial, en segundo lugar la industria farmacéutica y en tercer lugar la industria petroquímica.

Para el Informe Flexner, proceso financiado por la familia Rockefeller, ningún sistema terapéutico que no se sustente en los fármacos de patente y en las terapias autorizadas por el monopolio medico­farmacológico es apropiado para atender las necesidades de salud de las poblaciones. Es decir, desde principios del siglo XX, el sistema de atención de la salud denominado alopatía fue definido como el hegemónico y dominante.

De esta forma el complejo médico­farmacéutico se convirtió en un monopolio del gran capital, ya que mediante las patentes de sustancias químicas, éste puede regular la ganancia económica y a través del financiamiento de las escuelas de medicina se controla el pensamiento de la mayoría de los egresados y se construye un ejército de médicos promotores de fármacos y terapéuticas definidas por el gran monopolio farmacéutico.

Como complemento ideológico, el monopolio médico­farmacéutico, desarrolla campañas desinformativas contra todas las terapias naturales y no invasivas, definiéndolas como “no científicas”, “charlatanería”, “placebos”, “terapias de fe”, entre otros epítetos.

La alopatía, como sistema de atención a la salud, tiene un poco más de 100 años de ser hegemónico, mientras que la herbolaria tradicional tiene soporte en la cultura popular desde hace milenios, lo mismo que la acupuntura y otras terapéuticas no invasivas.

La fuerza rebelde de las corrientes de atención a la salud no alopáticas, como son la homeopatía, la herbolaría, la acupuntura, la naturopatía, entre otras, permitió la sobrevivencia de la diversidad terapéutica, ya que son parte intrínseca de los pueblos que las forjaron.

Particularmente la importancia de la herbolaria tradicional mexicana, soportada en la práctica cotidiana de todo un pueblo y en documentos con más de 500 años de antigüedad, como el Códice de la Cruz­Badiano y otros, ha venido, paulatinamente verificándose científicamente por instituciones académicas de renombre mundial no sometidas al gran capital farmacéutico.

La herbolaria tradicional mexicana, en su sentido estricto, no se enseña mediante los métodos convencionales modernos, es decir positivistas, sino básicamente a través de la observación, la práctica y la interacción continua con los especialistas tradicionales, quienes paulatinamente, conforme verifican la responsabilidad y constancia del aprendiz, comparten sus saberes y dones. La enseñanza de la herbolaria a través de métodos positivistas, en muchos casos, la cosifica, vulgariza y la transforma en emprendimientos lucrativos sin responsabilidad social.

Obviamente, como en toda obra humana, no hay nada absoluto, por lo que podemos encontrar una amplia gama de estilos en cada una de las corrientes terapéuticas, de tal forma que podemos observar excelentes profesionistas de la salud sean alópatas, homeópatas, herbolarios, acupunturistas, así como otros muy deficientes, unos ortodoxos y apegados al paradigma del monopolio farmacéutico y otros que trabajan la diversidad terapéutica, regidos básicamente por el principio de “primero no hacer daño”.

Para que un sistema de atención a la salud sea efectivo debe sustentarse en la prevención no en la curación. Para lograrlo se requiere la participación activa de la sociedad civil, dentro de la cual, los terapeutas presenten una alta capacidad humanista, mantengan un pensamiento amplio y critico, desarrollen cotidianamente procesos de investigación, un proceso continuo de aprendizaje, empatía con el usuario, humildad y sobre todo un espíritu de servicio comunitario.

Y por otra parte, se requieren usuarios también con una amplia cultura de la prevención, pensamiento critico, reflexivos y organizados. De tal forma que la recuperación de la salud se base en una organización social heterárquica, autónoma y autogestiva.

En el proyecto El Ahuehuete, herbolaria se impulsa la atención solidaria y no invasiva. Se ofrece consulta y orientación gratuita sin distingo de características raciales, económicas, preferencias ideológicas o sexuales, o cualquier otra particularidad. Se promueve el uso de las microdosis, medicina tradicional indígena y terapia de bio­resonancia, para lograr que el individuo afectado recupere su estado de equilibrio.

Este proyecto se ubica en la Calle Niños Héroes No. 41, Plaza del Vergel, Local 3, Col. Centro, Tequisquiapan, Querétaro. Para mayor información llamar a los teléfonos 442-377-5127 o al 414-107-0194 o escribir a contacto@elahuehuete.com.mx

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)