Los tintes naturales y su uso potencial en actividades comunitarias

En diversos documentos históricos y monumentos arqueológicos se observa la importancia que tuvieron los colorantes naturales en las culturas mesoamericanas y de otras regiones culturales. Las civilizaciones prehispánicas desarrollaron un gran conocimiento en el manejo, no solo de los colores en las actividades artísticas, sino también en el entendimiento de las fuentes vegetales, animales y minerales, y las tecnologías para utilizarlos eficientemente.

Los antiguos mexicanos utilizaron una amplia gama de plantas, animales y minerales para la extracción de colorantes y teñir con ellos prendas de vestir, maderas, materiales cementantes, mascarones, murales, alimentos y cuerpos humanos. Hasta el siglo XIX, los tintes derivados de la cochinilla, el añil y el palo de Campeche, entre otros, se extrajeron y exportaron en grandes cantidades a Europa, hasta que la industrialización los sustituyó por pigmentos sintéticos. Este proceso y otros fenómenos económicos y culturales, promovieron el uso de colorantes sintéticos, lo que provocó daños en el medio ambiente y la salud humana, así como pérdida de conocimiento tradicional.

México, con solo el 1.5 por ciento de la superficie terrestre, posee entre el 10 y 12 por ciento de las especies biológicas conocidas del mundo, un alto porcentaje de estas son endémicas, es decir que solo habitan de forma natural en un área restringida. Por su biodiversidad, México, se ubica entre los cinco primeros países de los 17 llamados megadiversos y ocupa el tercer lugar entre los cinco países con mayor número de especies endémicas. En el continente americano, México ocupa el tercer lugar en biodiversidad después de Brasil y Colombia. Su riqueza biológica incluye 23 mil 424 especies de plantas vasculares, 535 especies de mamíferos, mil 107 de aves, 804 de reptiles y 361 de anfibios. Las especies de hongos estimadas en México son de 200 mil.

En la literatura especializada se reconocen más de 40 especies de plantas y animales nativos de México como materia prima para la elaboración de colorantes y tintes. Recursos que, obtenidos y usados de forma sustentable, pueden contribuir al desarrollo local y a la conservación de la diversidad biológica y cultural de México.

Las especies tintóreas nativas de México, referenciadas en la literatura especializada y tradicional se agrupan en 25 familias botánicas y zoológicas, como son: Acanthacea, Anacardiaceae, Asteraceae, Betulaceae, Bixaceae, Bromeliaceae, Commelinaceae, Convolvulaceae, Dactylopiidae, Fabaceae, Fagaceae, Juglandaceae, Lauraceae, Mimosaceae, Moraceae, Muricidae, Papaveraceae, Parmeliaceae, Polygalaceae, Resendaceae, Rhizophoraceae , Rosaceae, Solanaceae, Usneaceae y Verbenaceae.

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Los colorantes naturales se usan en productos alimentarios, textiles y cosméticos y se clasifican principalmente en flavonoides como el flavonol, flavonona, calcona y antocianina, los cuales generan colores amarillos, rojos y violetas; carotenoindes como el caroteno y xentofila, que generan el anaranjado y el amarillo; colorantes tipo quinona como antroquinona y naftoquinona, otorgan color amarillo, rojo y negro; los indigoides como el indol, delfinidina, dihidropilano, betaleina, producen azules; las xantonas, el amarillo y los antocianinas, azules y rojos.

El semidesierto queretano es rico en especies biológicas con capacidades tintóreas, algunas de las cuales son la grana cochinilla, el cempasúchil, el mezquite, el pirul, el zacatlaxcalli, el heno, el colorín, el pericón, entre otros. Tintes que potencialmente pueden utilizarse para el teñido de canastas, textiles, papel, productos cosméticos y alimentarios artesanales, platillos gastronómicos, golosinas, entre muchos otros.

¿Cómo rescatar y promover su uso? Cuando han pasado varios siglos de dominación de la industria química sobre la vida cotidiana de las poblaciones, y por su parte el modelo civilizatorio ha provocado una gran pérdida de la biodiversidad y con ello erosión del conocimiento tradicional.

El rescate del conocimiento tradicional de los tintes naturales, no solo implica la promoción de su uso en diversas actividades artesanales y cotidianas, sino el estudio de las especies biológicas y la conservación de los ecosistemas. Fomentar su uso, es apenas una pequeñísima parte de la gran tarea que tiene la sociedad civil.

Como una contribución, desde la sociedad civil, se han organizado talleres para el fomento y uso de colorantes naturales en diversas localidades de Querétaro, para lo cual se contó con el respaldo del Programa de Apoyo a Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC).

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

 

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)

 

 

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