Rebeldía o desmemoria

El olvido es un proceso natural, resultado de un mecanismo para proteger al individuo de situaciones emocionales críticas o dolorosas. Tras un golpe o herida hay dolor, éste paulatinamente se desvanece y se pierde en las intrincadas redes neuronales. Entre mayor sea el dolor físico o emocional, la imagen “borrada” se agranda, es decir, ya no solamente se olvida el hecho en sí, sino también el ambiente social y/o natural que envolvió el suceso. Si los eventos traumáticos, sean físicos o emocionales, son frecuentes e intensos, el mecanismo de olvido se acentúa y se pierden los recuerdos de forma masiva, llevando al paciente a un laberinto de recuerdos de corto plazo o a una plataforma repetitiva.

Es necesario que el ser humano que sufre procesos masivos de olvido construya un ambiente social y familiar de amor, se tendrá que hacer un gran trabajo interno que tienda a lograr perdonar lo que, desde su óptica y circunstancias, fueron los errores del padre, madre, hermanos mayores, abuelos u otros, para lograr el perdón propio y de aquellos que, de acuerdo a los criterios culturales, causaron algún daño físico u emocional. Es necesario reconocer que los seres humanos no son entidades perfectas y por lo tanto los actos y acciones realizadas tampoco lo son, pero si son perfectibles, es decir, se puede ser mejor cada día.

Al paciente con eventos masivos de olvido se le debe acompañar continuamente y solicitar, bajo las circunstancias cotidianas, que narre su vida, desde los primeros recuerdos hasta el momento actual, dicha narrativa podría ser grabada y transcrita, para que, una vez estructurada de la mejor manera posible, se retroalimente al paciente, haciendo énfasis en los eventos alegres, amorosos, nombres de lugares agradables, personas queridas, calles, comidas y todo aquello que, al recordarlo o escucharlo, le cause placer y lo haga sentir bien. Sobre los eventos dolorosos del pasado, se debe desarrollar un proceso de reflexión que permita entender las circunstancias bajo las cuales fueron desarrollados, y con ellos construir aprendizaje significativo, que permita perfeccionar los eventos actuales y futuros. La narrativa debería hacerse cotidianamente y se enriquecerá con los nuevos argumentos que el paciente quiera añadir, de tal forma que se refuercen los eventos positivos y se haga un análisis sobre aquellos que causen toda clase de emociones negativas.

Durante el proceso terapéutico para no olvidar, es indispensable reconocer que, aunque el pasado no puede ser modificado, el presente es el momento de libertad, donde el individuo puede darse la oportunidad de ser mejor consigo mismo, con los seres queridos y con la comunidad. Los recuerdos positivos y negativos, es decir la historia personal, familiar y comunitaria representa el bagaje cultural de los integrantes de ese grupo social, y cada evento debería aprovecharse para construir un aprendizaje significativo.

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Los adultos mayores, con o sin procesos masivos de olvido, representan un vasto banco de información y conocimiento, son la única conexión viva con el pasado, y debería ser una obligación y un gran gesto de amor reconsiderar la importancia que tienen para el buen desarrollo de la comunidad en el presente y sobre todo para la sobrevivencia futura de la misma.

Antiguamente los adultos mayores representaban el recinto de la sabiduría, reunidos constituían un Consejo que permitía el apropiado desarrollo de las actividades de la comunidad. Desgraciadamente la ideología hegemónica, con sus patrones culturales de dominio, explotación del trabajo asalariado y expoliación de recursos naturales, fomenta el olvido a nivel de individuo y comunitario. Porque el olvido es una forma de dominación.

Recordar, no olvidar, mantener viva la memoria colectiva, es un acto de rebeldía, una forma de vida que permite perfeccionar de manera continua el desarrollo humano y ser mejores ciudadanos. Contribuir a que los adultos mayores, o todo aquel ser humano que por alguna situación presenta procesos de olvido masivo, los minimice, es un acto que fomenta la construcción de conocimiento colectivo y por ende procesos libertarios, autónomos y autogestivos.

¿Por qué se presenta el olvido o desmemoria? Porque en el pasado hay dolor, es decir sufrimiento por determinadas acciones ejercidas sobre la propia persona o sobre otras: los torturadores, los abusadores, los homicidas, los golpeadores, los padres o familiares que abandonaron, golpearon o abusaron de sus hijos o de otros seres humanos, sufren dolor, como lo sufren quienes recibieron las acciones dañinas.

Pero ante un pasado con dolor, se pueden seguir dos caminos principales, el primero incluye la evasión voluntaria o involuntaria, sea mediante la ingesta de sustancias que alteran la conciencia e incrementar el sufrimiento, así como la desmemoria involuntaria, el segundo es el camino de la rebeldía, no olvidar, recordar y aprender de los aciertos y errores para ser mejores en el presente y contribuir en la construcción de una mejor comunidad humana local, regional y global.

En el proyecto El Ahuehuete, herbolaria se impulsa la atención solidaria y no invasiva. Se ofrece consulta y orientación gratuita sin distingo de características raciales, económicas, preferencias ideológicas o sexuales, o cualquier otra particularidad. Se promueve el uso de las microdosis, medicina tradicional indígena y terapia de bio­resonancia, para lograr que el individuo afectado recupere su estado de equilibrio.

Este proyecto se ubica en la Calle Niños Héroes No. 41, Plaza del Vergel, Local 3, Col. Centro, Tequisquiapan, Querétaro. Para mayor información llamar a los teléfonos 442-377-5127 o al 414-107-0194 o escribir a contacto@elahuehuete.com.mx

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

Artículo publicado en Tribuna de Querétaro

Semanario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)